Un Tributo A Christopher Hitchens En El Quinto Aniversario De Su Fallecimiento

Originalmente publicado en The Humanist

"Puede ser bueno comenzar con un naufragio. Tus autores ideales deberían alejarte del colapso de tu existencia anterior, no guiarte sonriente hacia un puerto amistoso y pacífico". Christopher Hitchens

Este artículo es sobre un naufragio.

Particularmente sobre mi naufragio, de lo cual hasta ahora estoy agradecido.

Pero, lo que es más importante, este artículo trata del hombre que hizo naufragar mi barco ideológico.

La primera vez que escuché el nombre "Christopher Hitchens" fue por el anuncio de su muerte. El titular simplemente decía: Christopher Hitchens, ateo, muere a los 62 años¹. Si pudiera hacer una digresión por un breve momento, diría que no veo ningún propósito para poner "ateo" en el título del obituario de una persona, incluso si fueran famosos, salvo por la satisfacción mórbida de aquellos que creen, como nunca he visto un obituario que diga Bobby-Jo, bautista, muere a los 81 o Sumeet Chabra, hindú, muere a los 70. Sin embargo, siendo un soldado de 20 años recién enlistado en Fort Hood en ese momento (sin estimulación intelectual en mi vida cotidiana), y siendo alguien que se identificó como cristiano durante ese período, no pude sacar mi mente de la pregunta "¿Qué hace que un hombre no tenga miedo de Dios incluso mientras miente?" Sin embargo, después de un tiempo, mi interés en esta pregunta -y el titular que lo estimuló- cesó.

Dos años más tarde ya no era un soldado destinado en Hood, sino que era un estudiante universitario de triple especialización en Biología, Psicología y Filosofía. En este punto no me había olvidado por completo del hombre llamado Christopher Hitchens hasta el punto de que si alguien lo mencionaba no sabría quién era, pero no hace falta decir que no era la prioridad en mi mente. Todo esto cambió cuando recibí una llamada telefónica a las 2 de la madrugada informándome que había perdido a alguien terriblemente cercano en un accidente automovilístico. No deseo detenerme demasiado en esta tragedia mía, solo quiero decir que la muerte de esta persona en última instancia me hizo preguntarme si un poder superior realmente tenía el control y, si lo tenía, ¿por qué no había impedido que mataran a esta persona?  

Pasó aproximadamente una semana de reflexión hasta que por fin recordé el titular que había leído solo dos años antes: Christopher Hitchens, ateo, muere a los 62 años.

Excepto que ahora comencé a pensar en ese titular de una manera un poco diferente. En lugar de preguntar "¿Qué hace que un hombre no tenga miedo de Dios incluso mientras miente?" Comencé a preguntarme: "¿Cómo puede alguien morir tan seguro de que no hay un dios en absoluto?" Responder a esto me pareció de importancia infinita, ya que la persona que había muerto pertenecía a la fe judía y creía en un dios que, al parecer, no tenía intención de impedir que un hombre se emborrachara en un bar local y conduzca de contramano por la ruta esa fatídica mañana.

Así que busqué a Christopher Hitchens. Resultó ser un intelectual y periodista muy respetado, había disfrutado de una vida aventurera y poseía una voz de autoridad que se remontaba a los días de los caballeros victorianos. Como si todas esas cosas no fueran suficientes, su ingenio y su habilidad en el debate no tenían paralelo con ningún otro "pensador público" que hubiera visto en mi vida. Él era mucho mucho más que simplemente "un ateo". Christopher Hitchens fue un verdadero hombre renacentista.

Sin embargo, Hitchens fue un renacido impío y descubrí que había escrito un libro sobre el tema titulado Dios No Es Bueno. Tal vez fue mera curiosidad, tal vez fue masoquismo intelectual, o tal vez fue pena, pero cualquiera que fuera mi motivación, fui a la librería más cercana y compré una copia. Era excelente. Incluso con la convicción religiosa con la que había comenzado Dios No Es Bueno, no podía negar mientras recorría el libro cada vez más devastado e intrigado con cada capítulo que pasaba, que mi fe de toda la vida con la que había crecido se derrumbaba como Jericó. Lo leí todo en dos días.

Fue Hitchens quien "me sacó del hundimiento de mi existencia anterior". Fue Hitchens quien causó mi naufragio. Durante los próximos años, admitiría que hablé sobre la pregunta de Dios antes de convertirme eventualmente en un "ateo agnóstico" (una persona que siente que nadie puede realmente saber si existe un dios, pero también piensa que la probabilidad de que un dios exista es menor). Mientras tanto, a través de estos años de idas y vueltas sobre la cuestión de dios, leí otros libros de Hitchens. Amor, Pobreza y Guerra, una colección de ensayos que me enseñaron que "la vida de un hombre es incompleta hasta que haya probado los tres". No One Left To Lie To (No Queda Nadie A Quien Mentirle) y The Missionary Position (La Posición Del Misionero) fueron revelaciones devastadoras sobre por qué la Madre Teresa no era santa y por qué los Clinton no eran ni siquiera decentes. Y Letters To A Young Contrarian (Cartas A Un Joven Opositor) trató de instruir a los jóvenes sobre la mejor manera de ser un disidente radical y libre de pensamiento sin ser un imbécil.

Al final, Hitchens no solo fue responsable de mi transición de la creencia a la no creencia, sino que también fue en muchos sentidos responsable de mi cambio del libertarismo al izquierdismo antitotalitario. Sus libros Por qué Es Importante Orwell, A Long Short War (Una Larga Guerra Corta) y Los Derechos Del Hombre De Thomas Paine me forzaron a enfrentar que si realmente valoráramos la democracia, la gobernanza secular, la igualdad de género y el triunfo de la razón sobre la superstición, entonces, de hecho, tendríamos una obligación con el mundo y con nosotros mismos.

Pero aunque todos estos libros defendieron sus diferentes casos notablemente y si bien todos tuvieron un tremendo impacto en mi propia vida, me di cuenta de que ninguno de ellos era sobre Hitchens. ¿Quién era Christopher Hitchens más allá de su persona pública? ¿Cuál era la historia de su vida que lo llevó a ser un gran intelectual público? Para esto tuve que leer su autobiografía Hitch 22, en donde aprendí sobre un niño inglés enviado a un estricto — sí, incluso totalitario — colegio religioso a los ocho años; un niño que más tarde se rebelaría como un joven contra los maestros piadosos, brutales (y homoeróticos) y profesores de su pasado adolescente asistiendo a Oxford e involucrándose con la izquierda radical en la década de 1960; aprendí sobre cómo este joven y activista, al soportar el suicidio de su madre, se convirtió en un escritor y periodista; cómo este escritor y periodista recorrió todo el mundo, desde Sudán a Chipre, desde Uganda a Grecia, desde Cuba a Irak, desde Chad a Bosnia, junto a docenas de otros países, y encantó a sus lectores mientras que a veces los sorprendía con los temas en detalle; y lo más importante, aprendí que incluso ni siquiera un hombre que viaja por el mundo y gana fama y admiración goza de una vida plena a menos que también tenga amor. Pero leer sobre la vida de Christopher Eric Hitchens en Hitch 22 es obtener una instantánea excelente, no solo del hombre en sí, sino también de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del siglo XXI. Debería considerarse tanto un libro de historia como una autobiografía.

Podría decirse que, sin embargo, fue Mortalidad- el último libro de Hitchens que detalla su batalla contra el cáncer de esófago (publicado póstumamente) ²- su obra maestra. No olvidaré una línea en el primer capítulo en el que Hitchens reflexionaba sobre su condición: "A la pregunta tonta '¿Por qué a mí?' el cosmos apenas se molesta en devolver la respuesta: '¿Por qué no?'" No hace falta decir, por supuesto, que devotos lectores de Hitchens buscaron su copia de Mortalidad con mucha más apreciación de lo que buscaron sus otros trabajos. Después de todo, estas fueron las reflexiones de un hombre "moribundo". Tal devoción a la destreza de escribir, incluso en el momento más oscuro y espantoso, es un reflejo de cuánto dedicaba Hitchens a la búsqueda y al intercambio de conocimiento.

Para que no tengas la tentación de dudar si "Hitch" fue realmente tan fascinante como lo proclamo, preguntate si hay alguien más en el mundo que hubiera tenido a Sean Penn y Paul Wolfowitz en su funeral. Preguntate si hay alguien más que pueda provocar tal indignación en una cena de Tory que lo llamarían "chico travieso" y una enojada Margaret Thatcher le pegaría. Preguntate cuántas personas existen que podrían contar entre sus amigos a críticos de la derecha, críticos de la izquierda, celebridades, disidentes, teístas genuinos, anti-teístas genuinos y escritores, y podría contar entre sus enemigos a charlatanes religiosos de todas las religiones, sórdidos políticos conservadores y liberales, hipócritas ideológicos y dictadores desde América del Sur al Medio Oriente.

Christopher Hitchens, ateo, murió a los 62 años. Pero este opositor excéntrico, maravilloso, valiente, de puta madre todavía vive, y seguirá viviendo en los corazones y las mentes de los escritores y viajeros futuros (y actuales) de todo el mundo. Y la carga recae en nosotros para llenar, lo mejor que podamos, el vacío que ha producido su fallecimiento.

Referencias y Notas

1. The Irish Times y Reuters usaron este título.

2. Mientras que Mortalidad fue publicado después de la muerte de Hitchens, ensayos dentro de Mortalidad aparecieron por primera vez en la revista Vanity Fair durante el último año de su vida.

3. Christopher Hitchens, "Martin, Maggie, & Me", Vanity Fair, Mayo de 2010

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