¿Por Qué Escribir Sobre Historia?

Publicado originalmente en El Humanista (Fecha de Impresión, Julio/Agosto)

Hubo un anciano solitario que invirtió la mayor parte del tiempo en cama. Había rumores de que tenía un tesoro escondido en su casa. Un día, entraron unos ladrones, buscaron por todas partes y encontraron un cofre en el sótano. Salieron con el cofre y cuando lo abrieron encontraron que estaba lleno de cartas. Eran las cartas de amor que el anciano había recibido en el transcurso de su larga vida. Los ladrones iban a quemar las cartas, pero lo hablaron y finalmente decidieron devolverlas. Una por una, una por semana. Desde entonces, cada lunes al mediodía, el anciano esperaba que apareciera el cartero. Tan pronto como lo veía, el anciano empezaba a correr y el cartero, que sabía todo sobre él, sostenía la carta en su mano. Incluso San Pedro podía oír los latidos de su corazón, enloquecido de alegría al recibir el mensaje de una mujer.

Esta parábola de El Libro De Los Abrazos  de Eduardo Galeano (muy recomendado) me enseñó una importante lección sobre cómo contar una historia, más bien, por qué la historia debe ser contada. Antes del robo, las cartas del anciano descansaban en la oscuridad de su sótano, sin ser leídas y rara vez recordadas. Pero cuando los ladrones comenzaron a enviar las cartas al anciano, él sintió lo mismo que cuando las recibió por primera vez. Escribir sobre historia es como ser uno de esos ladrones. Tomamos los relatos del triunfo, el dolor, la felicidad, el amor y la pérdida humanos, que son olvidados, descuidados, tomados por hecho y a veces incluso temidos, y con cualquier habilidad de escritura que poseamos vuelven esos cuentos. Nuestro objetivo es que la gente corra hacia estos cuentos como el anciano hizo con sus cartas, que siempre han sido poseídas por nosotros; sin embargo, yacen en los sótanos de nuestra imaginación y en nuestras preocupaciones.

Esto nos lleva a la pregunta de por qué debería importarnos contar estos cuentos de nuevo. En el contexto de la parábola de Galeano ¿por qué los ladrones se tomarían la molestia de volver a despertar una parte del espíritu adormecido de este hombre? La respuesta, tanto para las motivaciones de los ladrones como para las nuestras, es que, en nuestra esencia, sin importar quiénes somos, los temas centrales de la vida (que también se pueden ver como el "significado" de la vida misma) son dignos de preservación. Temas antes mencionados: triunfo, dolor, felicidad, amor y pérdida. Al ver claramente que los estados del ser que forman parte de las personas sobre las que leemos trascienden la cultura y las épocas, también vemos que la saga del hombre siempre contendrá esperanza. Incluso cuando la devastación está por todas partes, incluso cuando las victorias no están aseguradas de ninguna manera, siempre habrá esperanza como ha habido en el pasado y hay en el presente. Escribimos sobre la historia para hacer que los corazones enloquezcan de alegría y que los antiguos hombres continúen presentes.

Pero cuando llegamos al reconocimiento de que la historia es realmente la saga del hombre, también llegamos a una advertencia severa. No podemos permitir que nuestro interés revivido en los eventos de tiempos pasados e convierta en glorificación u obsesión. En su fantasía clásica, El Señor De Los Anillos, J.R.R. Tolkien escribe sobre la tierra de Gondor:

Los reyes hicieron las tumbas más espléndidas que las casas de los vivos y recordaron los nombres de sus descendientes con más cariño que los nombres de sus hijos. Los señores sin hijos se sentaban en pasillos viejos meditando en heráldica o en altas torres frías haciendo preguntas a las estrellas. Y entonces la gente de Gondor cayó en la ruina.

Nuestro relato de la historia no debe provenir de un lugar de nostalgia o idealización desenfrenada, sino que debe provenir más bien de un deseo de inculcar en la gente una apreciación del aquí y ahora a través de historias de aquellos que vivieron (y sintieron) antes que nosotros. En esencia, comprendemos mejor y apreciamos nuestra propia existencia al conocer las existencias de otros antes que nosotros y, si somos sabios, seremos inducidos a esto para mantener los nombres de nuestros hijos con más cariño que los de nuestro linaje.

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