Jefferson y Sus Enemigos

Originalmente publicado en Areo Magazine (7 de septiembre)

Ilumina al pueblo en general, y la tiranía y las opresiones del cuerpo y la mente se desvanecerán como espíritus malignos al amanecer.
— Thomas Jefferson, carta a Pierre De Nemours, 24 de abril de 1816

No soy un experto en la naturaleza humana en ningún lugar de la imaginación, pero estoy dispuesto a apostar que en el transcurso de nuestras vidas podemos contar con una sola mano la cantidad de personas que nos impactan a tal punto que nuestras vidas cambian. Al menos en lo que respecta a nuestras creencias fundamentales. Estas personas nos inspiran, nos hacen cuestionar, nos encantan, nos causan incomodidad y generalmente nos desafían a reflexionar sobre cuál es exactamente nuestro "lugar correcto" en el breve tiempo que ese esferoide oblato se desplaza aleatoriamente entre las estrellas.

Hace nueve años HBO lanzó su galardonada miniserie John Adams, que contaba con un elenco de actores y actrices de renombre como Paul Giamatti (como Adams), Laura Linney (como Abigail), Tom Wilkinson (como Franklin), David Morse (como Washington), Stephen Dillane (como Jefferson) y Rufus Sewell (como Hamilton). En el momento del lanzamiento de John Adams yo tenía 17 años y recuerdo que mientras lo veía me sentía más afectado por la personalidad de Jefferson en la serie de lo que me sentía con el aburrido y vano protagonista. Podés sospechar que esto tiene que ver más con que Stephen Dillane simpatizaba más con Jefferson en su retrato del hombre de lo que Giamatti simpatizaba con Adams, pero tal sospecha sería terriblemente injusta, ya que cualquier historiador o biógrafo podría decirte que, de hecho, los dos fundadores tenían personalidades muy distintas (en mi opinión, una más simpática que la otra). Jefferson pudo haber compartido rasgos con Adams, como la inteligencia y los principios, pero, a diferencia de Adams, Jefferson además era rápido, curioso y gentil; todos los rasgos que uno sin duda esperaría de un filósofo, pero que son raros en un político. Afortunadamente para la joven república Jefferson era ambos y, afortunadamente para mí, mi curiosidad sobre esta figura de la historia no terminó cuando terminó la miniserie de HBO.

En mi vida probablemente he leído cerca de 300 libros, pero de esos 300 puedo contar con una mano los libros que han alterado el curso de mi acción y pensamiento. La saga Harry Potter 1984, Dios No Es Bueno y The Life & Selected Writings of Thomas Jefferson todos tuvieron un impacto que cambió el juego en mi deseo de cultivar las virtudes de la valentía, la lealtad, la honestidad y el libre pensamiento. Con especial atención en The Life & Selected Writings of Thomas Jefferson, uno encuentra - como descubrí a los 18 años y lo he encontrado desde entonces - que es un compañero encantador para el tumultuoso camino de la vida. En este volumen magnífico y otros similares, uno descubrirá las creencias de Jefferson sobre temas como el amor y la amistad, sus reflexiones sobre la música y sus pensamientos sobre viajes, junto con las breves pero frecuentes reflexiones del fundador sobre la arquitectura, el buen champán, la religión y la invención de ascensores.

Leer a Jefferson, en resumen, no es leer las divagaciones arcaicas e irrelevantes de una pila de huesos; leer a Jefferson, en cambio, es leer la cálida correspondencia de un viejo amigo curioso. Reconozco que tener una afinidad tan profunda por un hombre que murió 165 años antes de que yo naciera es, por decirlo suavemente, extraño. Normalmente, cuando uno piensa en héroes, modelos a seguir y figuras intelectuales paternas o mentores, la mente viaja solo hacia los vivos y normalmente hacia los cercanos. Sin embargo, yo tengo una profunda afinidad con Jefferson y me considero un discípulo de la Ilustración que tuvo tan cerca de su corazón.

Sin embargo, hablar de Thomas Jefferson en términos tan elocuentes es encontrar que incluso él no es inmune a la ira de la Holy Order of Perpetual Offense. En medio de las tensiones raciales que, quizás, no han sido tan elevadas en la política estadounidense desde la década de 1960, la historia del país se está examinando ahora más que nunca a través de la lente de "opresor y oprimido". Las vidas y los legados de personajes históricos como Cristóbal Colón, Andrew Jackson, Ulysses S. Grant y Teddy Roosevelt han sido cuestionados durante los últimos años por aquellos que piensan que, si el pasado de una nación no es moralmente perfecto, nunca jamás se puede declarar superioridad moral en ninguna situación. Sin embargo, sin duda son los padres fundadores de los Estados Unidos, más que Colón, más que Jackson, más que Grant, y más que Roosevelt, quienes se encuentran como los principales acusados n este nuevo juicio.

Antes de proceder, permitime decir que hay una discusión legítima sobre por qué un grupo de hombres que ensalzaban las virtudes de la igualdad y la libertad mantenían a los esclavos. Señalar esta inconsistencia en sus vidas y por extensión en la fundación de nuestro país, no debe ser visto como un inconveniente por aquellos que dicen amar a su país, su historia o los hombres que lo iniciaron todo. Por el contrario, si uno ama a Washington, Franklin y Jefferson, entonces tendrá que enfrentar el hecho de que estos hombres, en algún momento de su tiempo en la tierra, heredaron, compraron y poseyeron a otras personas. Dicho esto, creo que es injusto suponer que debido a que los fundadores tenían esclavos, esto los convierte automáticamente en hipócritas morales. La verdad es que hay muchas razones por las que los hombres preocupados por la igualdad y la libertad habrían mantenido esclavos, y también habrían permitido la continuación de la esclavitud en la nueva república, dos de las cuales inmediatamente vienen a la mente: 1) Si la mayoría de los dueños de esclavos eran crueles, indiferentes, y tenían la costumbre de hacer trabajar y abusar de esclavos hasta la muerte, los fundadores bien pudieron haber mantenido a sus esclavos en lugar de liberarlos como una forma de salvarlos de ser esclavizados por amos más duros, y 2) En cuanto a por qué se permitió la institución de la esclavitud en la nueva "tierra de los libres", los fundadores entendieron que las colonias como Carolina del Sur y Georgia nunca se unirían a un sindicato que prohibía la esclavitud y, al no querer un sindicato debilitado de pocas colonias que los británicos podrían tomar fácilmente, decidieron "resignarse", por así decirlo, por el bien mayor de establecer una nación.

Incluso con eso dicho, George Washington escribió una vez en una carta de 1786 a Robert Morris que "No hay un hombre vivo que desee con más sinceridad que yo ver un plan adoptado para la abolición de la esclavitud". En un discurso en la convención constitucional de 1787, James Madison dijo a quienes asistieron: "Hemos visto la mera distinción de color hecha en el período de tiempo más iluminado, un terreno del dominio más opresivo jamás ejercido por el hombre sobre el hombre". Y en la autobiografía de Thomas Jefferson escrita en 1821, Jefferson escribe: "No hay nada más escrito en el libro del destino que estas personas sean libres". Entonces, mientras los fundadores se resignaban al hecho de que la esclavitud probablemente no terminaría en sus vidas, nunca estuvieron en paz con la idea de que el cautiverio y el trabajo forzado serían un accesorio permanente de la sociedad estadounidense. Esta es la razón por la cual Abraham Lincoln, El Gran Emancipador, se desvió de su camino para rendir homenaje a los hombres que vivieron "Hace cuatro veintenas y siete años" cuando declaró a la nación en 1863 que la guerra civil era para que la nación "renazca en libertad".

También es injusto, creo, llegar a la conclusión de que, debido a que los fundadores poseían esclavos, la importancia de la revolución estadounidense como un proyecto de la Ilustración es de alguna manera nula. Los hombres blancos no inventaron la esclavitud, ni los colonos ni los europeos fueron los primeros en tomar esclavos. Por ejemplo, de 1530 a 1805, los piratas musulmanes de los estados de Berbería secuestraron a más de un millón de europeos y los vendieron como esclavos en África y Oriente Medio. (1). Sin embargo, extrañamente, estos marinos islámicos son solo una nota de pie de página - si lo son - en los libros de historia de hoy. Otro hecho omitido de los textos de historia moderna es que el mayor comprador de esclavos africanos fue Sudamérica, no los Estados Unidos o Europa, que solo recibieron entre el 5% y el 7% de los esclavos capturados. (2). Por lo tanto, si bien Estados Unidos y Europa deberían asumir su papel en la trata de esclavos, no deberíamos ser los dueños de toda la trata de esclavos en sí, ni deberíamos destruir nuestra historia e ideales culturales debido a las malas acciones en nuestro pasado. No importa de qué país, cultura o tribu seas, encontrarás inconsistencia o injusticia si mirás bien hacia el pasado. Sin embargo, este hecho no invalida tu país, cultura o tribu. Y eso, sostengo, es el por qué la acusación de hipocresía contra los fundadores estadounidenses es una respuesta ilegítima para una discusión legítima.

Esto nos lleva de vuelta específicamente a Thomas Jefferson. Durante la última década, miembros devotos de la Holy Order of Perpetual Offense han estado buscando sangre histórica contra el tercer presidente de los Estados Unidos, debido a su relación sexual con su esclava Sally Hemings e incluso al hecho de que poseía esclavos. Un ejemplo de esto sucedió el año pasado, cuando estudiantes y profesores de la Universidad de Virginia escribieron una carta al presidente de su institución diciendo que estaban "profundamente ofendidos" porque había citado al fundador diciendo que fomentaba la tolerancia en un correo electrónico a todo el campus. ¿Su razón? "Thomas Jefferson poseía cientos de esclavos" y "La inclusión de citas de Jefferson socava los mensajes de unidad, igualdad, urbanidad e inclusión". Otra instancia es el sitio web feminista Feministe llegando tan lejos como para llamar a Jefferson un violador, porque la "diferencia de poder" entre él y Hemings hacía imposible que Hemings hubiese consentido la relación. Pero tal vez sea la tercera instancia de un ataque a Jefferson la más extensa y mordaz, y es la pieza de Henry Wienceck en Smithsonian acusando a Jefferson de cambiar de opinión acerca de la injusticia de la esclavitud más adelante en su vida, así como acusarlo de ser un cruel amo de esclavos que regularmente permitía que fueran golpeados y maltratados.

Me parece entonces que, si el legado de Jefferson es continuar de alguna manera significativa y, de hecho, si el propio Jefferson va a seguir siendo una persona real en las percepciones de los futuros estadounidenses en lugar de ser una mera "figura histórica" uya vida está abierta a interpretaciones a salvo de correcciones, todas las acusaciones anteriores deben abordarse a fondo.

Pero antes de comenzar, es importante que sepas que no deseo defender a Jefferson contra las acusaciones de hipocresía, violación y crueldad solo porque él es mi héroe personal. A decir verdad, he tenido otros "héroes" históricos que ya no son mis héroes precisamente porque tuve que enfrentarme a quiénes eran en realidad. El culto a los héroes y la ceguera ante los errores e inconsistencias de una persona no es mi forma de pasar por la historia ni por la vida en general, y tengo especial cuidado de no ser culpable de ninguno de los dos (incluso si es una persona que realmente me gusta). Habiendo aclarado esto, hay una razón más importante por la que deseo dejar las cosas claras sobre Thomas Jefferson. Es difícil no tener en cuenta los dos extremos cuando se trata de la historia estadounidense contada por personas de izquierda y de derecha: a la izquierda, está esa especie de patética autoflagelación empapada de odio hacia la propia civilización que se manifiesta en la historia de Estados Unidos, donde abundan los malvados blancos y los "nobles salvajes"; mientras que a la derecha, la historia de los Estados Unidos pasa por este filtro santurrón de adoración sagrada que mitifica la historia de los Estados Unidos casi al nivel de los mitos griegos. Ambas perspectivas son formas horrendas y tontas de mirar el pasado de Estados Unidos y ambas deberían ser excluidas de una sala cada vez que se presenten. Y, sin embargo, en las últimas décadas, ambas han sido complacidas por ideólogos devotos y promovidas a niños y adolescentes como un hecho. Por ejemplo, el difunto Howard Zinn (a la izquierda) era famoso por su interpretación de un Estados Unidos siempre malvado en su libro People's History of the United States, mientras que David Barton (a la derecha) hasta hoy adoctrina a los conservadores con la narrativa de la "nación cristiana" y es particularmente popular dentro de la comunidad de educación en el hogar. Así que, en resumen, espero que esta defensa de Jefferson contribuya, en una pequeña medida, a una presentación más justa y más sobria de la historia estadounidense que reconozca nuestros triunfos y nuestros errores, evite el lloriqueo sin fin de mea culpas y evite la entrega de pases gratuitos.

 Stephen Dillane como Jefferson (HBO's  John Adams , 2008)

Stephen Dillane como Jefferson (HBO's John Adams, 2008)

El Abolicionista

Por empezar, las acusaciones de hipocresía contra Jefferson por ser el "apóstol de la democracia" y sin embargo poseer esclavos preceden desde hace tiempo al incidente en la Universidad de Virginia. De hecho, un famoso poema escrito en 1802 por el irlandés Thomas Moore durante su visita a los Estados Unidos decía:

El cansado estadista ha huido para reposar

De las salas del consejo al cobertizo de su negra,

Donde bendijo, cortejó la gracia de la negra Aspasia,

¡Y sueños de libertad en el abrazo de su esclava!

Esto no solo fue una incursión temprana en Jefferson por poseer esclavos, sino que también fue un castigo por su relación con Sally Hemings (que entonces era solo un rumor). Incluso Charles Dickens, durante su visita a los Estados Unidos en 1842, no pudo evitar eludir su desdén por el fundador cuando, al presenciar que un cruel amo de esclavos vendía a los hijos y la esposa de un hombre, exclamó: "¡Ah, otro campeón americano de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad!" (3)

La propiedad de esclavos de Jefferson se ha citado durante mucho tiempo como evidencia de su "superficialidad moral", mientras que las críticas más suaves etiquetan este aspecto de su vida como "paradójico" o "irónico". Pero independientemente de si los ataques al personaje de Jefferson son enérgicamente declarados o encubiertos, aquellos en la ofensiva son forzados a luchar o ignorar las montañas de sus escritos abolicionistas antes de que puedan siquiera comenzar a argumentar.

Sería una tontería decir que Thomas Jefferson era solo un silencioso objetor de la esclavitud y nunca había hablado públicamente en contra de ella. Si bien muchos han acusado al fundador de hipocresía, ninguno, como habrás notado, lo ha acusado de cobardía. Esto se debe a que Jefferson fue un opositor declarado de la esclavización de los africanos desde el comienzo del nacimiento de nuestro país. En la Declaración de Independencia original que escribió, enumerando entre las muchas objeciones coloniales al Rey Jorge III, estaba el siguiente pasaje:

Él [Rey Jorge] ha librado una guerra cruel contra la naturaleza humana misma violando sus más sagrados derechos de vida y libertad de las personas de un pueblo lejano que nunca lo ofendieron, cautivándolos y llevándolos a la esclavitud en otro hemisferio o incurriendo en una muerte miserable en su transporte hacia allá. Esta guerra pirata, el oprobio de los poderes infieles, es la guerra del Rey cristiano de Gran Bretaña. Decidido a mantener abierto un mercado donde los hombres deben ser comprados y vendidos, él ha prostituido su negativa [al royal veto] para suprimir todos los intentos legislativos de prohibir o restringir este comercio execrable.

Preguntarás por qué esa declaración no está todavía en la Declaración.

Como mencioné brevemente hace un momento, fue porque Georgia y Carolina del Sur amenazaron con retirarse del Segundo Congreso Continental si se mantenía. El sentimiento abolicionista, por lo tanto, fue descartado para preservar la alianza de las colonias contra lo que entonces era el imperio más poderoso del mundo. Pero Jefferson no abandonó el tema de la esclavitud después de su derrota en Filadelfia.

En su Notes On The State Of Virginia (Notas Sobre El Estado De Virginia) escritas cinco años después, Jefferson reflexiona sobre el impacto moral que tiene la esclavitud en la joven nación cuando escribe:

Todo el comercio entre amo y esclavo es un ejercicio perpetuo de las pasiones más bulliciosas, el despotismo más implacable por una parte y las sumisiones degradantes por otra. Nuestros hijos ven esto y aprenden a imitarlo porque el hombre es un animal imitativo. Esta cualidad es el germen de toda la educación en él. Desde su cuna hasta su tumba está aprendiendo a hacer lo que ve que hacen los demás. Si un padre no puede encontrar ningún motivo en la filantropía de su amor propio por restringir la intemperancia de la pasión hacia su esclavo, siempre debería ser conveniente que su hijo esté presente. Pero generalmente no es conveniente. El niño que mira las tormentas de los padres, capta los rasgos de la ira, toma el mismo aire en el círculo de los esclavos más pequeños, se entrega a lo peor de sus pasiones, y así es amamantado, educado y ejercitado diariamente en la tiranía, no puede más que estar marcado por ello con particularidades odiosas.

La naturaleza grotesca y dañina de la propiedad humana era una verdad evidente que Jefferson sostenía todos los días. En una carta escrita a Edward Coles doce años antes de su muerte, Jefferson entonces de 71 años, opina que:

El amor por la justicia y el amor por el país también defienden la causa de estas personas, y es un reproche moral para nosotros que lo hayamos defendido durante tanto tiempo en vano, y no deberíamos haber hecho ni un solo esfuerzo, es más, no temo a la seria disposición de liberarlos a ellos y a nosotros mismos de nuestra condición actual de reprobación moral y política.

De hecho, Jefferson era tan abolicionista que la prensa abolicionista desde la década de 1830 hasta el final de la Guerra Civil volvió a imprimir sus escritos antiesclavistas como armas de fuego morales para su causa, así como la prueba de que su causa era completamente estadounidense.

Pero con la naturaleza abolicionista abierta de Jefferson establecida, ¿por qué el hombre mantenía los esclavos que heredó? La respuesta está en una carta de 1790 escrita a Benjamin Vaughn, donde Jefferson revela que durante años había intentado debilitar el apoyo de sus compañeros virginianos a la esclavitud al desalentar el cultivo que no dependía del trabajo esclavo (como el tabaco) y, por el contrario, al alentar el cultivo que requería poca o ninguna mano de obra esclava (como trigo, olivos y uvas). Jefferson pensaba que la falta de deseo de cultivos que dependieran en gran medida del trabajo esclavo, a su vez, reduciría la demanda de las importaciones de esclavos. Pero, desafortunadamente, Virginia estaba yendo en la dirección opuesta. Quería tabaco, quería algodón, quería azúcar y quería más africanos. Así Jefferson, consignado a la derrota por segunda vez, eligió sacar lo mejor de una mala situación.

Habiendo conocido a los esclavos que había heredado toda su vida (y probablemente haciendo amistad con muchos de ellos), y sabiendo que una vez liberados sus esclavos probablemente serían capturados de nuevo y vendidos a amos crueles, Jefferson prefirió asegurarse la calidad de vida de sus esclavos. Si no hubiera podido tener una alternativa moral para ser amo, al menos hubiese sido una persona benévola. Entonces, condenar a Jefferson porque era dueño de esclavos es ignorar la complejidad de la situación en la que se encontraba. Y si argumentan que "la complejidad no es excusa para la complicidad", me gustaría recordarles que la mayoría de la ropa y productos electrónicos que compramos se fabrican en talleres clandestinos a cambio de esclavos asalariados en países del tercer mundo, lo que hace que ustedes y yo seamos cómplices de esa forma de continuación de la esclavitud (independientemente de nuestros valores establecidos). Y no, la distancia no tiene importancia. El hecho de que Jefferson pudiera ver a sus esclavos y los nuestros estén fuera de nuestra vista, no nos hace estar menos involucrados que él en el sistema bárbaro. Entonces, quizás se requiera cierta autorreflexión antes que la autojustificación, y tal vez la complejidad de los sistemas inmorales debería tenerse en cuenta antes de señalar la complicidad de alguien en ese sistema (que, como vos y yo, puede que no desee formar parte de un sistema de ese tipo, pero no puede ver ninguna salida).

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Un Romance Prohibido

Si bien antes no se ha dicho nada de esta naturaleza acerca de Jefferson en biografías e historias, me parece obvio que el fundador era poliamoroso. Es decir, él amó a varias mujeres en su vida y algunas al mismo tiempo. Baso esta radical afirmación en el hecho de que su relación pasional de tres años en París con la compositora italo-española Maria Cosway (1786-1789) coincidió con el período en que comenzó su aventura de toda la vida con Sally Hemings. (Las aventuras sexuales que madame Cosway y el Sr. Jefferson tuvieron durante su estancia como embajador, por supuesto, no fueron consideradas favorablemente por el esposo de María, Richard Cosway, que era veinte años mayor que ella y frecuentemente era descrito como afeminado, tanto por su tono como por su vestimenta). También se debe observar que, incluso durante el año en que Jefferson comenzó a cortejar a su futura esposa Martha (1768), se había enamorado locamente de Elizabeth Walker, esposa de su mejor amigo John Walker, y si bien estos sentimientos no fueron correspondidos, Jefferson pudo haber perseguido los afectos de Elizabeth durante una década, mientras estaba casado, aunque esto es debatido entre los historiadores (4).

Sin embargo, siento que la palabra "amado" no puede enfatizarse lo suficiente cuando se habla de los romances de Jefferson. Tanto las acciones de sus amantes hacia él (Hemings eligió dejar París con él a su regreso a Virginia en lugar de quedarse y ser una mujer libre en Francia) y el lenguaje que emplea en cartas escritas a muchas de ellas (por ejemplo, su carta "a corazón abierto" a Cosway), sugiere que Jefferson no era un playboy o un mujeriego, sino que era genuinamente capaz de tener sentimientos de profundo afecto por varias mujeres al mismo tiempo y que también sentían lo mismo hacia él (con la excepción de Elizabeth Walker).

Por supuesto, conectar estos puntos y llegar a esta conclusión no es tarea fácil para el historiador laico. Principalmente porque los contemporáneos de Jefferson y aquellos que vivieron poco después de él que escribieron historias y biografías del hombre no habrían incluido detalles sexuales o detalles personales en absoluto sobre él que no encajaban con las normas, no olvidemos que incluso se necesitó la invención de las pruebas de ADN y casi 200 años para demostrar que Thomas Jefferson y Sally Hemings tuvieron una aventura amorosa. Pero la disposición poliamorosa de Jefferson ofrece una ventana importante sobre cómo amaba el hombre y explica en un nivel más profundo la naturaleza de sus numerosos romances que la acusación simplista de que él era simplemente un calentón con peluca.

Es aquí, entonces, donde llegamos a la puerta de la controversia moderna de Hemings.

Desde 1998 ya no es un debate que el tercer presidente de Estados Unidos tuvo una relación sexual con Sally Hemings después de la muerte de su esposa Martha. Si bien el tema fue una acalorada controversia durante dos siglos, ahora ha dado paso a un nuevo y mucho más complicado argumento: ¿el romance fue consensuado o forzado para Hemings? Para dar a esta pregunta algún tipo de respuesta primero debemos exponer los hechos que rodean el "escándalo".

Sally Hemings, para sorpresa de muchas personas a las que les cuento esto, era la media hermana de Martha Jefferson. El padre de Martha había tomado a la madre de Sally como concubina y de ese romance nacieron seis niños, de los cuales Sally era la más joven. Thomas Jefferson había heredado a los Hemings al casarse con Martha y, más importante, Martha trató a sus medios hermanos como hermanos toda su vida (al menos tanto como fue posible en un mundo donde reinaba la esclavitud). Después de la muerte de Martha en 1782 y de la muerte de su hija Lucy en 1784, Jefferson, en ese momento embajador en Francia, envió a su otra hija Mary a reunirse con él en París en 1787. Jefferson también pidió que una mujer mayor llamada Isabel acompañara a Mary en el viaje para garantizar su seguridad, pero como Isabel estaba a punto de dar a luz, quien llegó con María fue Sally Hemings. No pasó mucho tiempo hasta que Mary fuera enviada a un convento parisino para completar su educación (el Abbaye Royale de Panthémont) y Sally recibió clases de francés que fueron pagadas por Jefferson. Fue durante este mismo año que comenzó el romance de toda la vida entre el tercer presidente de los Estados Unidos y Sally Hemings (5).

15 años después, en 1802, el periodista a sueldo James Callender se convirtió en el primero en informar sobre la relación entre Jefferson y Hemings en el Richmond Recorder, acusando a Jefferson de forzar una relación sexual no consensuada con Hemings porque él [Callender] había escuchado rumores de que la pareja había tenido varios descendientes.

Es bien sabido que el hombre, quien deleita honrar a la gente, mantiene como concubina y ha mantenido durante muchos años a una de sus propias esclavas. Su nombre es Sally. El nombre de su hijo mayor es Tom. Se dice que sus rasgos tienen un parecido sorprendente, aunque es de piel oscura con los del propio presidente. El niño tiene diez o doce años de edad. De esta chica Sally, nuestro presidente ha tenido varios hijos. No hay un individuo en el barrio de Charlottesville que no crea la historia y no son pocos los que la saben... Se supone que en el momento en que el Sr. Jefferson escribió tan inteligentemente sobre los negros, cuando se esforzó tanto por menospreciar a la raza africana, no tenía ninguna expectativa de que el principal magistrado de los Estados Unidos fuera el cabecilla al demostrar que su opinión era errónea o que él debía elegir un linaje africano, con lo cual, debía injertar a sus propios descendientes.

Preguntar cómo sabía Callender que la relación entre Hemings y Jefferson no era consensuada basándose únicamente en el hecho de que la pareja había tenido varios niños mestizos sería perder de vista quién era James Callender. Callender no escribió lo que escribió como observador neutral ni como un amigo renuente de Jefferson que simplemente había crecido en conciencia, sino que había escrito con mala intención. Anteriormente, Jefferson se había hecho amigo de Callender y lo había contratado para varios proyectos periodísticos y, debido a esto, Callender creía que tenía buenas posibilidades de ser nombrado Director de Correos de Richmond si el fundador hablaba bien de él. Cuando Jefferson se negó a usar su influencia para hacerlo, Callender se enfureció y le aseguró que habría consecuencias. Sin embargo, incluso habiendo logrado hacer más difícil la vida de Jefferson al exponer el romance, la vida y la reputación de Callender no mejoraron drásticamente a partir de entonces. Un año más tarde estaba sumido en el alcohol, cayó de un puente a tres pies del agua y se ahogó por estar demasiado borracho para salvarse.

Pero el romance de Hemings, a pesar del bufón inicial que lo reveló, no sólo continuó porque tenía valor propagandístico para los federalistas que eran rivales políticos de Jefferson, sino que también continuó porque tenía un valor de propaganda para el Imperio británico, que quería retratar que la democracia estadounidense en general era disfuncional y degenerada. La imagen de Jefferson acostándose con su esclava se había convertido en una acusación a los ojos de los ingleses de "lo que sucede cuando los campesinos son libres de gobernarse a sí mismos".

Como he dicho antes, y lo volveré a decir, durante las últimas dos décadas ha habido pocas dudas de que James Callender, a pesar de ser James Callender, tenía razón sobre el romance entre Thomas Jefferson y Sally Hemings. Pero el cargo extra de coacción que Callender puso en su invectiva ("menospreciar a la raza africana", "injertar" a sus propios descendientes y elegir un "linaje africano") es poco probable que sea cierto. Mis dudas específicas son las siguientes: ¿por qué, si Jefferson se había forzado a sí mismo con Hemings, se aseguró de que sus hijos fueran liberados después de su muerte en vez de ser vendidos y silenciados para siempre al nacer? ¿Por qué, si Jefferson se había forzado a sí mismo con Hemings, Hemings no informó de esto en los últimos nueve años de su vida cuando era libre y vivía con sus dos hijos? De hecho, ¿por qué ningún esclavo viviendo en Monticello en ese momento expresó alguna sospecha después de que Jefferson había muerto? En estos puntos, los enemigos del sabio son silenciosos y vergonzosamente así.

Permitime ser sincero: creo que el romance de toda la vida entre Sally Hemings y Thomas Jefferson no fue solo una aventura sexual, sino una relación amorosa. Creo esto principalmente porque, como se mencionó antes, Hemings tuvo la oportunidad de ser libre en París. La esclavitud había sido abolida en Francia en 1784, tres años antes de la llegada de Sally Hemings. Ella podría haber pedido al tribunal francés su libertad y si Jefferson hubiera sido el tipo de hombre que la habría violado, simplemente podría haber huido y haber buscado refugio con los que anteriormente formaban parte de la Sociedad de Amigos de los Negros (fundada por Jacques Pierre Brissot) o refugio de miembros de grupos similares que todavía eran prominentes en París después de la abolición. El hecho de que ella no solicitara su libertad ni huyera de Jefferson, sino que regresara con Jefferson a Virginia en 1789, es una fuerte implicación de cuál fue en realidad la naturaleza del romance. Sin embargo, de acuerdo con la memorias de Madison Hemings (el hijo de Hemings y Jefferson), Sally sí le mencionó a Jefferson que ella sabía que si ella se quedaba en París mientras él se iba, ella podría ser una mujer libre por el resto de su vida. La respuesta de Jefferson fue darle a Sally Hemings la opción de quedarse o irse con él, pero Hemings respondió rápidamente que mientras Jefferson liberara a sus hijos cuando alcanzaran la mayoría de edad ella se quedaría con él. James Callender, por supuesto, no habría sabido nada de esto, y si lo hubiera sabido, no le habría importado.

Mientras escribo esto, mi mente viaja hacia algunas páginas que recuerdo haber leído del Capítulo 5 en el libro pionero de Annette Gordon-Reed, Thomas Jefferson & Sally Hemings: An American Controversy, donde Gordon-Reed escribe:

Sally Hemings también era hermosa en una ciudad donde la belleza era de extrema importancia. Si se pensaba que era elegante en Monticello, no cabe duda de que hubiese hecho aún más notorios sus atributos en una ciudad y un país cuyos habitantes son conocidos por expresar su aprecio por las mujeres atractivas. París en ese entonces ya estaba loca por la moda. Era importante vestirse apropiadamente para los Jeffersons y los Hemings, ya que estar mal vestidos o tener sirvientes mal vestidos daría una mala imagen del ministro [embajador] y del país al que representaba. Como resultado, Jefferson invirtió generosamente en todos los miembros de su hogar. Una mujer joven en esta situación podría comenzar a pensar en sí misma de manera diferente. O, en el caso de Sally Hemings, dado que había llevado una existencia tan privilegiada hasta ese momento, su nueva forma de vida probablemente confirmaba lo que pudo haber pensado de sí misma desde el principio: que era especial. En cualquier caso, no podemos aceptar la opinión de que sus experiencias en París no cambiarían la forma en que Hemings pensaba sobre el mundo y que no hubieran tenido influencia sobre ella. Verse a sí misma de manera diferente pudo haber cambiado la forma en que otros, incluido Thomas Jefferson, la veían. La mayoría de los comentarios sobre este tema parte de la suposición de que cualquier relación entre Jefferson y Hemings habría implicado un grado de fuerza. De nuevo, esto está implícito en gran medida para que la situación se vea lo peor posible, de modo que nadie crea o quiera creer que la historia podría ser cierta. En este punto tenemos que enfrentar la idea desagradable para muchos, tanto blancos como negros, de que Sally Hemings haya acogido con satisfacción cualquier avance que Thomas Jefferson pudiera haber hecho.

Algunos comentaristas han considerado la posibilidad de que Sally Hemings podría haber amado a Thomas Jefferson y de que él podría haberla amado de forma caprichosa. Este sentimiento aparentemente surge de la visión de que el amor entre un amo y un esclavo no podría tener lugar. Es interesante comparar esa noción con algunas ideas comunes planteadas sobre otros aspectos del sistema esclavo. Por ejemplo, considerá la imagen de 'Mammy' que ha consolado a los blancos sureños durante tantos años. Mammy es una caricatura. "Señorita Massa Joe, ¡aprende a meterte aquí porque morirás!", como si le importara. Los blancos parecen dispuestos, casi ansiosos, a creer que Mammy realmente se preocupaba, cuando Mammy podría haber estado pensando: "Joe, espero que te resbales en ese hielo y te rompas el maldito cuello". Por supuesto, no todas las esclavas en esa posición pensarían de esa manera. Estamos hablando de seres humanos. Debe haber habido mujeres que criaron niños desde la infancia hasta la adultez que sintieron afecto por esos niños, por todas las razones por las que las mujeres sienten afecto por los niños que crían. Esto sería así, a pesar de que sabían que estos niños crecerían para ser sus amos y maestros de sus hijos... Si una mujer esclava podía amar a un niño que era su futuro amo por todas las razones por las que las mujeres aman a los niños, ¿por qué una mujer esclava no podría amar a un hombre que era su amo actual por todas las razones que las mujeres aman a los hombres? En todas las épocas, las mujeres han amado a hombres que pensaban que eran inteligentes, atractivos, amables y, lo más importante de todo, tenían alguna posibilidad de ayudarlas y darles una buena vida para sus hijos. Esto ha sido un hecho de la vida impulsado por las posiciones relativas de mujeres y hombres con respecto a la procreación y la vida familiar. Hemings podría haber visto todas estas cosas en Jefferson. (6)

Lo que también es revelador, con respecto a la naturaleza del romance entre Thomas Jefferson y Sally Hemings, es que incluso después de que James Callender y los federalistas arrastraran el nombre de Jefferson por el barro, el fundador no intentó distanciarse de Hemings, restarle importancia a la propiedad o a su difunta esposa, o envió a Sally a otro lugar. Si bien admitir que la relación habría sido un suicidio político y social para Jefferson (ya que era presidente en ese momento), sigue siendo cierto que Sally no fue a ninguna parte durante ese período tumultuoso, y el fundador no iba a complacer a sus atacantes con negaciones nerviosas y acciones drásticas. Por lo tanto, parece que así como Sally había elegido la esclavitud en las colonias por sobre la libertad en París para estar con Jefferson, Jefferson eligió el amor por sobre la reputación para estar con ella.

A pesar de todo esto, el sitio web feminista popular Feministe publicó un artículo titulado Thomas Jefferson: The Face Of A Rapist (Thomas Jefferson: El Rostro De Un Violador) que buscaba traer a Callender de entre los muertos o, mejor dicho, traer de vuelta la acusación de Callender de que Jefferson había violado a Sally Hemings. De hecho, este artículo se hizo tan popular que fue recomendado por Counterpunch y Salon, así como reempaquetado en Vox (recordá lo que dije antes acerca de cómo una porción preocupantemente grande de la izquierda es propensa a contar una versión autoflagelante de la historia). Pero para hacer que la acusación de violación esta vez se quedara, la definición de "violación" tenía que cambiarse. Jefferson no había violado a Sally Hemings en el sentido de que la había obligado físicamente, argumentó Feministe, sino que las relaciones sexuales de Jefferson con Sally eran violación automática debido a la "diferencia de poder" que existía entre los dos.

Jefferson pudo haber sentido amor por Sally, pero ¿cómo podemos describir esta relación como una historia de amor? Una vez que regresaron a los Estados Unidos, él tenía el poder de azotarla o incluso matarla. En cualquier momento él podría haber vendido a sus hijos. Para que exista una relación basada en el amor, ambas partes deben ser iguales y, debido a la diferencia de poder entre Jefferson y Hemings, lo que ocurrió no puede describirse como otra cosa que violación. Algunos incluso han tenido el descaro de referirse a Hemings como la primera dama negra de los Estados Unidos como una forma de legitimar aún más la relación entre los dos. Sin embargo, desafectarlo y llamarlo cualquier cosa que no sea violación es una vez más violar su espíritu.

Ignorando, si se puede, el molesto tono de santidad con que se escribió este artículo, un lector que no pertenece a la burbuja feminista radical no puede evitar detectar dos grandes errores de lógica en este párrafo:

  • "Para que exista una relación basada en el amor, ambas partes deben ser iguales y, debido a la diferencia de poder entre Jefferson y Hemings, lo que ocurrió no puede describirse como otra cosa que violación". Bueno, en este caso, todas las mujeres que existieron hasta al menos el año 1950 fueron "violadas" y fueron incapaces de amar recíprocamente a sus maridos, ya que hasta mediados del siglo XX las mujeres dependían en gran parte económicamente de los hombres y los hombres a menudo las veían como inferiores física y mentalmente, no iguales. De hecho, si uno realmente fuera a creer en la lógica de que para que una mujer consienta el sexo y le dé amor a un hombre no podría haber diferencia en el poder, podría argumentarse que las mujeres de hoy no pueden consentir el sexo o el amor recíproco debido a la brecha salarial de género que muchas feministas modernas argumentan que existe. ¿Y qué hay de los jefes cuyas cónyuges son sus empleadas? ¿Qué hay de los jóvenes profesores universitarios que salen con sus alumnas? La noción de que el consentimiento y el amor dependen del "poder diferencial" haría que virtualmente todo el sexo que alguna vez haya tenido lugar entre un hombre y una mujer no sea consensual y, francamente, es una basura. El consentimiento es simplemente "sí" y el no consentimiento es simplemente el silencio o "no". En cuanto a la idea de que las mujeres no pueden sentir adecuadamente una emoción básica mientras existe la inequidad en la sociedad... eso es quizás más sexista que cualquier retrato de una mujer que haya visto en una película de los años treinta o cuarenta.
  • "Sin embargo, desafectarlo y llamarlo cualquier cosa que no sea violación es una vez más violar su espíritu". Solo porque decís algo, eso no lo hace así. Simplemente porque Feministe redefine la violación e impone políticas raciales y de género modernas en una relación entre dos individuos que tuvo lugar hace dos siglos, esto no hace que la relación entre Jefferson y Hemings sea "violación", ni hace a nadie "culpable" de nada por señalarlo. Y más allá de que la frase final es poética (como si habláramos de adolescentes), "espíritu de violación" no es en realidad algo. La conciencia de Thomas Jefferson llegó a su fin el 4 de julio de 1826 y la conciencia de Sally Hemings llegó a su fin en una fecha desconocida en 1835. Ya ninguno de ellos existe y ninguno de ellos conoce los intensos debates que han tenido lugar casi dos siglos después de sus respectivas muertes (¡afortunadamente!).

Pero el artículo continuaba:

Algunos pueden mirar hacia atrás a Jefferson y simplemente afirmar que él era un hombre de su tiempo y que no debería ser juzgado fuera del contexto histórico. Sin embargo, en mi opinión, un violador es un violador. Lo que hizo en ese momento puede no haber sido considerado una violación debido a la raza actual y las relaciones de género, pero hoy podemos nombrar correctamente sus acciones. Sally no tenía el poder para consentir sus avances, incluso si estaba dispuesta.

Fue en este punto donde Feministe cruzó el umbral desde el arrojo de falacias inductoras de vergüenza hasta una exhibición de deslumbrante arrogancia: negar la acción emocional de Hemings y hacerlo increíblemente en nombre del "antirracismo". Se podría argumentar fácilmente que la cantidad de paternalismo racial que con tanta frecuencia exhiben los "aliados" progresistas blancos hacia los afroamericanos es más abiertamente racista que todos los privilegios y microagresiones sin control en el mundo.

"Sally no tenía el poder para consentir sus avances, incluso si estaba dispuesta".

Feministe no solo trata de redefinir la violación, busca redefinir el consentimiento separando la inclinación de la ecuación. ¡Oh, vivir en un mundo donde podamos cambiar el significado de las palabras para adaptarlas a nuestros argumentos! Me atrevo a decir, ni siquiera es que la inclinación sea una "gran parte" del consentimiento, es que la inclinación constituye el consentimiento en su totalidad. La inclinación literalmente es todo lo que hay. El consentimiento es "sí". Eso es todo. Si Sally Hemings aceptó los avances sexuales de Jefferson, eso era consentimiento. Tal vez no de acuerdo con el último libro de texto de Gender Studies, pero ¿desde cuándo han importado esos?

Finalmente, el último intento de un ataque contra Jefferson por su relación con Hemings, después de que todos los demás fracasaron tan miserablemente, es para señalar que Hemings, nacido en 1773, solo habría tenido 14 años al comienzo del asunto. Esta objeción al carácter de Jefferson es al menos comprensible. En la mayoría de los países occidentales de hoy, incluyendo los Estados Unidos, una persona de 14 años de edad se considera un niño e incapaz de consentir (a excepción de España que reconoce la edad de consentimiento a los 13 años, e Italia y Alemania que reconocen la edad de consentimiento a los 14). Pero nuestra percepción de quién es un niño ha cambiado drásticamente en los últimos dos siglos. A diferencia de ahora, donde se alcanza la madurez legal a los 18 años y una madurez mental a los 25 años, se esperaba que el crepúsculo de la niñez y el advenimiento de la adultez pasaran mucho más rápido en un mundo donde no tener hijos no era una opción y la esperanza de vida era en promedio de 35. No era raro que las mujeres de este mundo se casaran a la edad de 14 años, ni se creía que fueran otra cosa que mujeres; sus maridos, amantes y "tutores sexuales" a menudo eran mucho más grandes. Sin embargo, si querés juzgar esto moralmente, sin importar cómo lo hagas, no podés decir que la relación entre Jefferson y Hemings fue especialmente problemática debido al factor edad.

 Un retrato de Hemings pintado póstumamente basado en descripciones dadas por aquellos que la conocieron.

Un retrato de Hemings pintado póstumamente basado en descripciones dadas por aquellos que la conocieron.

El Villano de Wiencek: ¿Ficción o Realidad?

Cuando el historiador Henry Wiencek escribió su libro Master Of The Mountain, declaró que su trabajo "sorprendería" con la noción de que Thomas Jefferson era amablemente amo de los esclavos negros. El libro, publicado por Farrar, Straus, y Giroux, afirma que Thomas Jefferson pasó de ser un abolicionista en su juventud a ser pro esclavista en la década de 1790. Por el bien de estar informado sobre las diferentes perspectivas, nunca desanimaría a nadie a leer Master Of The Mountain. Pero si no tenés tiempo para leer el libro de Wiencek y simplemente querés tener una comprensión general de sus argumentos centrales, podés hacerlo leyendo un artículo mucho más breve que escribió titulado The Dark Side Of Thomas Jefferson (El Lado Oscuro De Thomas Jefferson), que fue publicado por el Smithsonian Institute como promoción de su libro.

Wiencek afirma que lo que llevó a Jefferson a cambiar de opinión fue el reconocimiento de que los nacimientos de esclavos resultaban en una tasa de retorno del 4% y, por lo tanto, mantener la esclavitud en Monticello y permanecer en silencio sobre su continuación a nivel nacional era algo a lo que Jefferson no podía resistirse. Wiencek saca esta conclusión de una sola carta escrita a George Washington donde Jefferson, mientras discutía el tema de la agricultura colonial y el trabajo, dice: "He observado que nuestras familias de negros se duplican en unos 25 años, que es un aumento del capital invertido en ellos del 4 y más manteniendo el número original". Wiencek refuerza su opinión de que Jefferson cambió de opinión sobre la esclavitud más adelante en la vida saltando a una carta escrita por Jefferson dos años después, donde el fundador explica a una mujer rica que había prestado dinero a un hombre en bancarrota que, si el hombre hubiera invertido en "negros y ganado, o en buena tierra" en lugar de bienes antillanos, habría prosperado. 

Wiencek además afirma que Jefferson pasó por alto el trato cruel de sus esclavos a manos del capataz Gabriel Lilly, siempre que dicha crueldad mejorara la productividad en la propiedad. "La máquina Monticello", escribe, "operaba con brutalidad cuidadosamente calibrada".

Sin embargo, cada uno de los ataques de Wiencek contra Jefferson hace agua. Él selecciona un poco de la vida del fundador aquí y otra parte de la vida del fundador allí, y crea con esos fragmentos un villano de mosaico que simplemente no cuadra con el Jefferson que la mayoría de los historiadores y eruditos han estudiado durante dos siglos. 

Por ejemplo, cuando Wiencek afirma que Thomas Jefferson cambió de parecer sobre la esclavitud más adelante en la década de 1790 y traicionó a su joven convicto, el historiador parece no tener idea de que Jefferson estaba escribiendo sobre la abolición de la esclavitud en 1821. Recordá la cita de la autobiografía de Jefferson en la que el fundador escribe: "No hay nada escrito con tanta certeza en el libro del destino como que estas personas sean libres". Esta oración no solo puede encontrarse en la autobiografía de Jefferson (escrita treinta años después de la década de 1790), sino que también está grabada en la piedra del Monumento a Jefferson en Washington DC, donde cualquier miembro del público puede encontrarla, incluido Wiencek.

Con respecto a las dos cartas "condenatorias" citadas por Wiencek, una lectura de ellas muestra que Jefferson hizo las observaciones con respecto al teorema del 4% y sobre "invertir en negros" como observaciones neutrales, no desde una posición de defensa. Esto puede sonar como una declaración absurda al principio. ¿Cómo mencionar a los negros en la misma oración que el ganado de manera neutral, no por defecto, puede ser un respaldo de la esclavitud? Pero es importante darse cuenta de que los puntos de vista de Jefferson sobre la raza no eran progresivos a pesar de su abolicionismo con visión de futuro, y hablaré de esto más adelante en el artículo. También me gustaría señalar que, aunque Wiencek cree que el 4% del teorema se convirtió en el motor que impulsó la esclavitud en Monticello, una tasa de rendimiento del 4% en los nacimientos de esclavos en realidad no es tan buena, por eso no creo que Jefferson haya realizado un cambio ideológico completo debido a eso, especialmente si había estado familiarizado con la institución de la esclavitud y cómo funcionó durante toda su vida. Si puedo correr el riesgo de parecer encallecido por el sufrimiento humano por un momento, Jefferson podría haber vendido a todos sus esclavos y prestado los ingresos al 6%, lo que le habría dado un 50% más de rendimiento (esto también ha sido traído en una refutación de Wiencek publicada por el Journal Of The American Revolution)

Aún así, el problema de Gabriel Lilly permanece. ¿Por qué Jefferson contaría con un supervisor en su propiedad que se sabía que maltrataba a los esclavos?

El coronel Thomas Randolph, el capataz de Monticello durante la presidencia de Jefferson, había contratado a Lilly en 1800 después de que el capataz de esclavos anterior, "Gran George" Granger, había fallecido el año anterior. Al principio, Randolph le informó a Jefferson que Lilly era un supervisor xcelente que "tenía tan buen carácter que podía hacer el doble sin el menor descontento y con la conducción más dura posible", y esta noticia deleitó tanto a Jefferson hasta el punto que le dio a Lilly un aumento de £10 y lo puso a cargo de los clavadores. Sin embargo, un año después de esta "promoción" de clases, en 1801, parecía que el amable temperamento de Lilly hacia los esclavos había sido simplemente un show. El capataz comenzó a azotar a los esclavos para hacerlos trabajar más duro y, lo que es peor, hacía esto todos los días. Cuando Jefferson se enteró, él inmediatamente escribió a Randolph diciendo "Hable con Lilly sobre el tratamiento de las clavadoras. En mi estimación, destruirá su valor y los degradará en sus propios ojos".

Este no fue el final de los problemas del fundador con su nuevo supervisor.

Una vez Lilly y Jefferson tuvieron una discusión porque Jefferson insistió en que los esclavos tenían acceso no supervisado a la pólvora para volar durante los proyectos de construcción. Lilly dejó en claro que temía que los esclavos tuvieran acceso a la pólvora sin supervisión (probablemente porque temía represalias por la forma en que los había tratado), pero estos temores cayeron en saco roto cuando Jefferson continuó insistiendo en que los esclavos tengan su pólvora (7) (8). Podemos deducir de este argumento dos detalles importantes sobre cómo Thomas Jefferson veía la vida en Monticello: 1) Que deseaba que sus esclavos fueran tratados como seres humanos racionales en quienes se podía confiar, y 2) Que él claramente no estaba al tanto por completo de cuánto Lilly odiaba a los esclavos negros y no estaba dispuesto a tratarlos de esta manera (y esto es probable porque el Coronel Randolph prefería enviar a Jefferson informes brillantes mientras él estaba ausente). Entonces, no sorprende que este argumento entre Jefferson y Lilly nunca se menciona en Master Of The Mountain. ¿Podría ser porque el hecho de que los esclavos en Monticello tengan acceso sin supervisión a la pólvora socavaría la premisa central de Wiencek de que los esclavos fueran perseguidos sin piedad con el respaldo total de Jefferson? Después de todo, si los malos tratos a los esclavos a manos de Gabriel Lilly habían sido aprobados por Jefferson, seguramente Wiencek no sería tan condescendiente como para pensar que los esclavos no utilizarían la pólvora mejor que la construcción. Es por eso que es esencial tener en cuenta que Jefferson fue presidente de los Estados Unidos todo el tiempo que Lilly trabajó en Monticello y, por lo tanto, no fue testigo de las atrocidades cotidianas de Lilly. Incluso en esto, en 1805, Lilly parece haber dejado Monticello sin explicación, salvo que "deseaba establecerse en Kentucky". Tal vez su partida se debió a que fue envenenado por uno de los esclavos y estuvo a punto de morir, pero el hecho de que esto sea así es solo una conjetura (9). Poco se sabe de la vida de Lilly después de esto, excepto que efectivamente fue a Kentucky, pero lo más importante es que no hay evidencia que sugiera que Jefferson alguna vez intentó disuadirlo de irse. Parecería entonces que, aunque Jefferson había mantenido a Lilly fuera sin necesidad, había formado una impresión duradera del capataz tan pronto como supo por Randolph que le gustaba recurrir al látigo y a partir de ese momento determinó no tener en tan alta estima al bastardo.

Pero incluso después de abordar las dos piezas principales de "evidencia" de Wiencek para que Jefferson cambie de opinión sobre la esclavitud más adelante (las cartas y el empleo de Gabriel Lilly), hay otro problema que interrumpe la tesis completa del historiador. Dentro de las primeras siete páginas de su libro, Wiencek se ve obligado a confesar que los esclavos de Monticello estaban "entrenados profesionalmente" y tenían valiosas habilidades, como la fabricación de muebles, jardinería, fabricación textil e incluso cocina francesa, y que trabajaban igual que los trabajadores blancos. Sin embargo, al mismo tiempo, Wiencek nos hizo creer que las vidas de los esclavos en Monticello se basaban en una "brutalidad cuidadosamente calibrada" (10). Esta visión de la vida de esclavos en Monticello no es tan "compleja" como contradictoria. Gastar gran parte de la fortuna personal en viajes y educación de los esclavos (incluso si fue para que trabajen en el patrimonio de Jefferson), y hacer que trabajen codo a codo con los trabajadores blancos, es inconsistente con una actitud de malicia. No es sorprendente, entonces, que historiadores de renombre de los primeros años de la historia estadounidense, como Annette Gordon-Reed y Jan Ellen Lewis, han salido recientemente a decir que, a pesar de la popularidad de Master Of The Mountain entre el público en general, no debe tomarse en serio como un libro de historia.

Pero aparte de mis refutaciones específicas a las afirmaciones de Wiencek y aparte de lo que los historiadores profesionales han dicho acerca de sus opiniones sobre Jefferson, mi crítica general al trabajo de Henry Wiencek es doble:

  1. Su artículo, así como su libro, están llenos de más "es probable", "puede ser" y "probablemente" que un testimonio del Congreso, y cuando presentás tu trabajo como algo que "pone en evidencia algo", las palabras y frases como "probable", "puede ser" y "probablemente" simplemente no funcionarán.
  2. Wiencek hace grandes avances y luego basa su conclusión "eureka" en lo poco que queda. Una vez más, reconoce que los esclavos recibieron "entrenamiento profesional" en lo que en ese momento serían conjuntos de habilidades envidiables. También reconoce que el Estado de Virginia no permitía legalmente que los amos liberaran a sus esclavos hasta 1782, e incluso después de 1782 los amos tenían que pagar por el transporte de esclavos liberados fuera del estado y el esclavo nunca más podía regresar a Virginia, lo cual ha dividido a muchas familias de esclavos especialmente en Monticello, donde casi todos los esclavos estaban relacionados (11). Pero cuando Wiencek intenta argumentar que Jefferson cambió de opinión sobre el abolicionismo, sus principales pruebas son una declaración neutral en una carta que una vez Jefferson escribió a Washington, una declaración neutral hecha a una mujer rica sobre la administración de un hombre al que ella le había prestado dinero, y el empleo de una persona reconocidamente terrible por el administrador de la propiedad de Jefferson con quien Jefferson apenas interactuó. Por no mencionar, una vez más, que Wiencek parece no tener conocimiento de los escritos abolicionistas de Jefferson que fueron escritos sólo unos pocos años antes de su muerte. En resumen, al leer Master Of The Mountain, estaba desconcertado por cómo Wiencek parecía estar destruyendo su caso incluso antes de que comenzara a diseñarlo.

En general, el libro de Wiencek Master Of The Mountain y el artículo The Dark Side Of Thomas Jefferson son un ejemplo clásico de la mirada selectiva. De hecho, si podemos dejar de lado el peso atribuido al nombre de Thomas Jefferson solo por un momento, Henry Wiencek le ha hecho a un individuo lo que alguien nos haría en nuestra peor pesadilla: ha pintado un retrato de la vida de una persona usando solo detalles que él pensó que eran poco halagadores y eligió dejar de lado cualquier cualidad noble. Me atrevo a decir que si esto me sucediera a mí, y más probablemente si te sucediera a vos, todos pareceríamos monstruos en nuestras biografías.

También me tengo que preguntar, en general, hasta qué punto estamos dispuestos a renunciar a los hombres que hicieron contribuciones notables a la historia debido a sus "pecados" (ya sean reales o supuestos). Si solo tomamos en consideración a los presidentes, Lincoln tuvo puntos de vista profundamente perjudiciales contra los nativos americanos; pero también puso fin a la esclavitud y evitó que la nación se viniera abajo. Franklin Roosevelt era un mujeriego que, no lo olvidemos, envió a miles de estadounidenses de origen japonés a los campos de detención por miedo al espionaje; pero también nos sacó de la Gran Depresión y vio a los Estados Unidos durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. Kennedy también era un mujeriego que, con la ayuda de su influyente padre, engañó en su camino hacia el poder político; pero Kennedy también fue un héroe de guerra, nos alejó del borde del holocausto nuclear, estableció el Cuerpo de Paz y fue el primer presidente en ser un firme defensor de los Derechos Civiles. Fuera de la presidencia, e incluso fuera de los Estados Unidos, las figuras heroicas a prueba de pureza no mejoran. Gandhi era un hipócrita que dormía con varias mujeres todas las noches mientras predicaba el celibato a sus seguidores; pero también liberó a la India del Imperio Británico. Y hablando de Gran Bretaña, Churchill era un borracho al que le gustaba desfilar desnudo en su despacho para disgusto de los empleados y dignatarios extranjeros por igual; pero también salvó a Gran Bretaña de ser invadida por los nazis (aunque no todo por su cuenta).

Superman es ficción. En la vida real, los héroes son humanos. Y la incómoda verdad sobre la humanidad de los héroes históricos es que estos individuos pueden ser, y a menudo son, imperfectos de manera poco glamorosa. Las figuras históricas estadounidenses y de otros lugares han sido malhumoradas, egoístas, adictas a las sustancias, adictas al sexo y, en algunos casos, incluso intolerantes; sin embargo, lo que las distingue es su negativa a ser la suma total de estas cosas y de impulsar la humanidad un poco más lejos o al menos salvarla de la destrucción total. Esto no quiere decir que los defectos de las figuras históricas se deben pasar por alto o que sus defectos se borran por sus contribuciones. Pero es decir que la gravedad de las fallas debe ponderarse con respecto al valor de las contribuciones y, si esta última pesa más que la anterior, esa debería ser la que se enfatice sobre el individuo en nuestras historias. Entonces, de nuevo, ¿cuál es exactamente el final cuando se trata de renunciar a figuras históricas en la historia de Estados Unidos que, a pesar de sus fallas y errores, marcaron el comienzo de épocas de progreso? ¿Es la abolición completa de los héroes? ¿Es ese el objetivo? Se nos advierte constantemente sobre los peligros de la "idolatría", pero a nivel psicológico existen ídolos por una razón. Las personas que idolatramos a menudo son idolatradas porque nos muestran que podemos ser una mejor versión de nosotros mismos. El peligro solo radica en a quién idolatramos y por qué. Por ejemplo, yo no menospreciaría a alguien que idolatra a Nelson Mandela, pero definitivamente miraría con desprecio a alguien que idolatra a Kanye West. Veo en el proyecto de Wiencek y en los proyectos de otros que piensan que están "levantando la tapa" en la historia de los Estados Unidos una actitud muy maquiavélica que busca retratar los valores de la Ilustración en los que América fue fundada como una "mentira total" cuando, de hecho, no es una mentira total.

Para citar a David McCullough en la introducción a su libro The American Spirit: "Sí, tenemos mucho de lo que preocuparnos seriamente, mucho que corregir, mejorar o dejar de lado. Pero la vitalidad y la energía creativa, la decencia fundamental, la tolerancia y la insistencia en la verdad, y el buen corazón del pueblo estadounidense claramente todavía existen". 

 Henry Wiencek

Henry Wiencek

Conclusión

Para ser claros, Jefferson no era perfecto. Dediqué mucho tiempo a defenderlo y creo que quién era (quién fué en realidad) debería ser defendido. Pero él no era perfecto. Mencioné antes que, mientras Jefferson era un abolicionista, sus puntos de vista sobre la raza no eran progresivos. Uno puede mirar la carta de Jefferson al obispo francés Henri Gregoire y descubrir que el fundador creía en la superioridad innata de la raza blanca sobre el negro:

"Tenga la seguridad de que ninguna persona viva desea más sinceramente que yo ver una refutación completa de las dudas que yo mismo he contemplado y expresado sobre el grado de comprensión que se les ha asignado [a los afroamericanos] por naturaleza, y descubrir que a este respecto ellos están a la par nuestra".

Si uno quisiera retratar a Thomas Jefferson como racista, podrían hacerlo al hacer referencia a esta carta. Al menos según los estándares modernos. Pero hacer esto sería básicamente acusar a casi todos, en la tierra en el siglo XVIII y principios del XIX de ser racistas, ya que cada tribu/nación/cultura racialmente homogénea en ese entonces se consideraba superior a los demás y, por lo tanto, es una una acusación bastante sin sentido y elástica. Los seres humanos evolucionaron para ser criaturas tribales y solo recientemente con respecto a la historia mundial hemos empezado a darnos cuenta de que todos tenemos el mismo valor intrínseco. Jefferson no era una deidad. Él fue un producto de su tiempo cuando llegó al consenso intelectual en aquel entonces de que algunas razas eran inherentemente superiores a otras. El arco moral se ha inclinado tanto hasta ahora hacia la justicia en los últimos 240 años en los Estados Unidos, que necesitamos recordarnos al estudiar la historia en qué lugar alguna vez estuvo el arco.

Habiendo dicho esto, incluso con Jefferson creyendo que la raza blanca era una raza intrínsecamente superior a la raza negra, continúa mostrando su fervor abolicionista cuando le escribe a Gregoire:

"Cualquiera que sea su grado de talento [el de los afroamericanos], no es una medida de sus derechos. Debido a que Sir Isaac Newton era superior a los demás en la comprensión, él no era por lo tanto el dios o la propiedad de los demás".

En otras palabras, incluso si ciertas razas eran inferiores a otras (cosa que no son), Jefferson creía firmemente que la superioridad y la inferioridad no deberían afectar los derechos de un individuo. Él creía, como lo hacemos hoy, que los derechos son nuestros al nacer y son nuestros independientemente de nuestra identidad.

La importancia de Thomas Jefferson para la filosofía antitotalitaria y secular en América y en Europa es demasiado para establecer aquí. De hecho, es probable que ocupe otro artículo por completo. Pero al menos debe dar cuenta de que Jefferson jugó un papel importante en la formación de un ideal de liberación humana que hoy conforma nuestra respuesta para la teocracia y el terrorismo, conformó la respuesta de nuestros abuelos al comunismo y conformó la respuesta de nuestros bisabuelos al fascismo, y los malos intentos de "exponerlo" realmente solo sirven para promover la noción cínica de que el progreso moral traído por la Ilustración en general no es algo por lo que valga la pena luchar o creer.

Notas y Citas

1. El número y la línea de tiempo de los europeos secuestrados por los piratas de Berbería se pueden encontrar en el libro de Robert C. Davis Christian Slaves, Muslim Masters: White Slavery in the Mediterranean, the Barbary Coast and Italy, 1500-1800 (Palgrave Macmillan, 2003). También podés encontrar información sobre su justificación religiosa para secuestrar "infieles" en el artículo Jefferson Versus The Muslim Pirates (escrito por el fallecido Christopher Hitchens y publicado por City Journal en la primavera de 2007).

2. Podés obtener buena información general sobre la trata de esclavos en América Latina leyendo la entrada de Wikipedia, pero una fuente legítima que muestra específicamente cómo América del Sur fue el principal destino de los esclavos africanos se puede encontrar en Voyage Database of the Trans-Atlantic Slave Trade, Emory University, 2013 de David Eltis y David Richardson.

3. Ver el artículo de Jill Lepore en The New Yorker, President Tom's Cabin (22 de septiembre de 2008) tanto para el poema de Moore como para la cita de Dickens. En lo que respecta a Charles Dickens, su desdén por Sage of Monticello sin duda lo lleva a varias muescas en mi libro. Me encantan las historias de Dickens, que siempre arrojan luz sobre los pobres ingleses y sobre los absurdos del mundo victoriano, pero leer esto sobre él me hace sentir un poco menos.

4. Consultá "Major Events In The Jefferson-Hemings Controversy", Lehigh University Digital Library, 2012, (http://digital.lib.lehigh.edu/trial/jefferson/time/). Ver también "Sexual Liberties Of Thomas Jefferson" de John L. Smith Jr., Journal Of The American Revolution, 18 de abril de 2016.

5. Ver Thomas Jefferson & Sally Hemings: An American Controversy, Capítulo 5, University of Virginia Press, Segunda edición, de Annette Gordon-Reed. 1999, (ubicación de Kindle 3601-3607)

6. Ibídem. (Ubicación Kindle 3727-3747)

7. Ibídem. (Ubicación Kindle 3097-3104)

8. Ver Jeffersonian Legacies , "Those Who Labor For My Happiness", Pg. de Peter Onuf. 158, University of Virginia Press, 1993

9. Carta de Martha Jefferson Randolph a Thomas Jefferson, 30 de noviembre de 1804

10. Ver Master Of The Mountain: Thomas Jefferson & His Slaves, Capítulo 1, Farrar Straus & Giroux, 2012, (Ubicación de Kindle 260-272) de Henry Wiencek

11.Ibídem. (Ubicación de Kindle 403)

Los libros y artículos que leí para prepararme para escribir este ensayo, además de los citados y vinculados, son los siguientes: The Women Jefferson Loved de Virginia Scharff, Thomas Jefferson: The Revolution Of Ideas de R.B. Bernstein, y Jeffersongate: The Case Of Henry Wiencek de Michael D. Hattem.

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