¿Adios Esquire?

Esquire— en mi adolescencia, a principios de mis 20 años y durante décadas anteriores a mi existencia y la existencia de mi padre, e incluso la existencia de mi abuelo— era una biblia para hombres jóvenes que querían impresionar, encantar, mejorar (aunque marginalmente) y, lo más  importante, comprometerse con la sociedad que lleva una identidad distinta del esperado títere de serie televisiva o chico de fraternidad estándar. En resumen, era una revista para hombres jóvenes que querían sobresalir, no quedarse atrás. ¿Y cómo podría una revista como esa morir?

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